La jugada maestra del año acaba siendo un manual de cómo no conquistar un banco.
Rosa Costa
Carlos Torres debe de estar repasando el manual de instrucciones del éxito empresarial… al revés. Lo que se presentó como la jugada maestra del año —esa OPA destinada a consolidar el reinado de BBVA— terminó siendo un manual de cómo no conquistar un banco. Ni los asesores, ni los discursos, ni los PowerPoint llenos de sinergias y crecimiento lograron convencer a nadie, salvo quizá al ego corporativo.
La operación nació con el brillo de una idea grandiosa y murió víctima de la realidad: accionistas escépticos, reguladores vigilantes y un mercado que, al parecer, no comparte el entusiasmo del señor Torres. Mientras tanto, los titulares cambiaron de “movimiento audaz” a “error de cálculo”, y los rivales se limitaron a observar el espectáculo con una mezcla de asombro y alivio.
Pero hay que reconocerle algo: la insistencia. Pocos líderes se lanzan con tanta fe ciega al abismo del mercado. El problema es que, en este caso, el salto fue sin red y con viento en contra. Lo que pretendía ser una demostración de fuerza terminó por exhibir debilidad estratégica y un sorprendente talento para subestimar el contexto.
Hoy, BBVA no tiene la OPA, pero sí una valiosa lección de humildad corporativa. Y Carlos Torres, un nuevo capítulo en su biografía empresarial: El estratega que quiso comerse el mercado y acabó masticando titulares. Quizá la próxima vez no haga falta tanto entusiasmo; bastará con un poco más de cálculo… y menos fe en los PowerPoint.
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