El presidente del BBVA se enfrenta a un laberinto que compromete su futuro al frente del banco.
José Justo
Sin poder aventurar su resolución final, está claro que la OPA del BBVA al Sabadell se está convirtiendo en una bomba de racimo que acabará explotando metralla por ambas partes, a la vez que dejará a medio plazo numerosas esquirlas en el tejido económico y financiero español.
A nivel de repercusión personal, es más que probable vaticinar que quien abrió el melón y puso el detonador, Carlos Torres, presidente del BBVA, puede acabar siendo el más perjudicado, pase lo que pase en la solución final. No es este exactamente el caso de su oponente Josep Oliu, que preside el Banco de Sabadell.
Si el BBVA retira la OPA, por más justificaciones razonables que puedan establecerse, el papel del primer ejecutivo del banco vasco quedará en entredicho y el tiempo empezará a carcomer su sillón.
Si se mantiene la OPA y llega a buen fin, es decir, a una aceptación mayoritaria por parte de los accionistas del Sabadell, la imposibilidad de hacer una integración rápida y eficiente, en términos patrimoniales, tecnológicos y laborales, creará durante tres o cinco años un proceso de ineficiencias. Esto puede tener consecuencias bastante negativas para ambas entidades, formalmente ‘independientes’.
El escenario de que se mantenga la OPA y no alcance su objetivo es, evidentemente, el peor para la figura del presidente del BBVA, Carlos Torres. Por más que invente maniobras de distracción verá cómo le llueven chuzos rápidamente, después de montar inútilmente este rifirrafe. Su sillón se tambaleará progresivamente en pocos meses.
No olvidemos que sobre el BBVA pesan, además, dos losas de diferente signo pero de ingente calado. En primer lugar, las repercusiones judiciales del entramado escandaloso del caso del excomisario Villarejo, que puede salpicar a Carlos Torres por su antigua connivencia con el expresidente del BBVA, Francisco González.
En segundo lugar, el BBVA tiene una potencial bomba de relojería con su sobreexposición de riesgo financiero en México. Cualquier bandazo económico, financiero o social que salpique al país, cosa nada improbable, podría tener unas consecuencias directas bastante desastrosas en el balance del BBVA. Sería interesante calcular algunas de estas variables del país como el riesgo, fluctuaciones de la divisa, evolución económica, financiera y social, así como sus posibles impactos en el patrimonio y los resultados del banco vasco. Algo que nos emplazamos a abordar en INFOPERIODISTAS.
La potencial erosión en el devenir profesional de Josep Oliu, el otro contrincante, es muy diferente a la de Carlos Torres. El presidente del Banco de Sabadell, si la OPA hostil se retira o fracasa, acabará encumbrado como un héroe y tendrá un cierto tiempo para preparar su sucesión en el banco a un ritmo tranquilo y sosegado. Si finalmente la OPA se produce y el BBVA gana, dejará como mínimo el regusto de que, gracias a su defensa numantina, los accionistas del banco habrán ganado una muy importante revalorización y una lluvia de dividendos. Desde finales de abril de 2024 a hoy, la cotización del Banco Sabadell ha subido más de un 80 %.
Aunque al final nadie saldrá indemne de esta bomba de racimo. Si Josep Oliu no es defenestrado porque la OPA no alcanza su mayoría, los accionistas del Sabadell que no vendan sus acciones rápidamente pueden acusar un notable descenso de la cotización al disminuir el suflé en el que ahora se apoya. Otro latigazo de esta enmarañada OPA.