CARUANA o GOIRIGOLZARRI las opciones para renovar la presidencia del BBVA

agosto 1, 2025
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José Ignacio Goirigolzarri. Jaime Caruana
José Ignacio Goirigolzarri. Jaime Caruana

La figura de Carlos Torres, presidente del BBVA, se desvanece al compás de los fuertes nubarrones que crecen sobre el fin de la OPA hostil al Banco Sabadell

José Justo

No hay que ser adivino para pulsar que la atmósfera general que se vive en estos momentos, entorno a la OPA del BBVA al Sabadell, se decanta claramente a favor de una de las partes. Y es en el Banco Sabadell donde se respira una notable euforia sobre su previsible éxito, optimismo que también cabría matizar.

Por el contrario el BBVA, a pesar de que en su reciente presentación de resultados también haya prometido grandes alegrías y dividendos, está enmarañado en un sin fin de complicaciones no resueltas. Aplaza a septiembre la votación de los accionistas, abre el melón de retirar la OPA o entrar en el Sabadell con solo un 30% y no resuelve el clamor del mercado para aumentar la valoración de su oferta, que hoy está desfasada.

Y lo peor es que este cúmulo de dispersiones que se han establecido, en buena parte por el éxito cosechado en la posición numantina del Sabadell, abren incógnitas preocupantes sobre el diseño futuro de un conglomerado bancario fusionado solo “medianamente”. El coste obligado durante tres o cinco años sin integración total, con roces y desavenencias internas, puede ser exponencialmente negativo para las dos entidades financieras.

En este panorama, la figura de Carlos Torres, presidente del BBVA, que parece empecinado en mantener su OPA contra viento y marea, empieza a despertar atisbos de prevención. Más aún cuando se comenta que, dentro de su propio Consejo de Administración, ya hay algunos integrantes que verían más clara una retirada honrosa a tiempo.

En el contexto de una operación de final incierto, emergen nubarrones sobre la figura de Carlos Torres, que quedará dañada no tanto por la idea o los primeros intentos de fusión, sino por la terquedad en mantenerla fuera de un contexto de racionalidad plausible. Y el coste de esta actitud deriva en una erosión de su figura como presidente y abre la oportunidad de un cambio de gobernanza en la entidad. Cambio que, por otra parte, ya reclama el BCE cuando procura desde hace tiempo presidencias no ejecutivas en el sector financiero.

Dos opciones CARUANA o GOIRIGOLZARRI
Dos nombres aparecen en el hipotético relumbrón de un podio de honor para liderar una nueva etapa en la presidencia del BBVA. Jaime Caruana y José Ignacio Goirigolzarri. Cabe decir que ninguno de los dos, que se sepa, ha realizado movimientos respecto a esta posibilidad.

Jaime Caruana, exgobernador del Banco de España y exdirector del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS), entró en el Consejo del BBVA en el 2018. Ya en aquel momento se comentó en algún círculo, que podría ser el sustituto del entonces presidente Francisco González, hoy imputado en el caso Villarejo. Pero no fue así. Fue elegido Carlos Torres.

José Ignacio Goirigolzarri, que cesó voluntariamente a primeros de este año en la presidencia de CaixaBank, donde accedió como resultado de la fusión con Caja Madrid, ofrece un perfil con múltiples atributos para auspiciar desde arriba un nuevo devenir para el BBVA.

Goirigolzarri atesora un perfil profesional dilatado y potente, macado por la excelencia. Llegó a ser consejero-delegado del propio BBVA, donde las ínfulas conspirativas de Francisco González le forzaron a una salida, eso sí, multimillonaria. A pesar de su historial y potencial ejecutivo, en su última etapa ha sabido desarrollar en CaixaBank un admirable rol puramente presidencial, que le faculta para un encaje idóneo en esta nueva etapa del BBVA.

Con todo, los efectos futuros de estas dos hipotéticas presidencias en el BBVA podrían ser sustancialmente distintos. Ambos personajes ofrecen un bagaje profesional absolutamente indiscutible y, a la vez, una capacidad personal de actuar con templanza y guante de seda, imprescindible en la función de máxima gobernanza, aunque sea no ejecutiva, de una entidad financiera de este calibre.

Pero cabe aventurar que una presidencia del BBVA por parte de Caruana propiciaría un escenario muy profesional, aunque un tanto clásico dentro de la evolución del sector financiero. Este escenario de cambio es, probablemente, el que más gustaría a la plana mayor o cúspide actual BBVA. Otra cosa sería la incorporación de Gorigolzarri, que sin renunciar a ningún fundamento de solvencia y profesionalidad, sería capaz de propiciar desde las alturas un marco más innovador y moderno.

 

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