El bulo de la muerte del padre de Messi destapa la crisis del falso periodismo

junio 19, 2026
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Familia Messi
Familia Messi

El bulo sobre la muerte del padre de Messi reaviva el debate sobre la verificación de la información y el papel del periodismo.

Judith Victoria Cherquis

El caso Jorge Messi

Ayer 18 de junio, las redes sociales argentinas e internacionales difundieron con rapidez la supuesta muerte de Jorge Messi. El bulo de la muerte del padre de Messi generó confusión en las plataformas digitales. El contexto aumentó la tensión informativa.

Días antes el propio futbolista había reconocido, tras el partido frente a Argelia el 16 de junio, que atravesaba una situación personal complicada. En paralelo, se sabía que su padre estaba hospitalizado y bajo seguimiento médico.

El modus operandi en los medios no cualificados (aunque con gran audiencia)

Las redes sociales pueden amplificar rumores sin filtro, pero el salto cualitativo se produce cuando esa información entra en un programa en directo y se presenta como noticia. En este caso, la información sobre la supuesta muerte de Jorge Messi ya circulaba en redes en un contexto sensible, ya que el padre del jugador había sido ingresado en el hospital días antes.

El impacto crece cuando una conocida actriz, Florencia Peña, vinculada al entretenimiento y no al periodismo, la repite en directo en el programa “El Show del Verano” de Luzu TV. Lo hace tras recibir la información en el pinganillo de la producción, sin contraste previo en ese momento.

El mecanismo es conocido en ciertos entornos del entretenimiento informativo. Ante la duda, la información se lanza para no quedar fuera del foco. Si acierta, suma impacto y audiencia. Si falla, llega después la disculpa pública. Listo. En ese esquema, la urgencia del directo y la lógica del impacto pesan más que la verificación previa y las consecuencias para los damnificados, en este caso la familia Messi, y para los más perjudicados: la opinión pública.

Ese patrón no es un caso aislado ni una simple equivocación en directo. Es el reflejo de una dinámica más amplia en la que la frontera entre informar y entretener (y más aun, impactar) se diluye. Cuando la verificación pierde peso frente a la velocidad, el directo se convierte en un espacio donde lo urgente desplaza a lo cierto.

Los curanderos de la información

La falsa noticia sobre la muerte de Jorge Messi dejó mucho más que un desmentido. Dejó una cancha embarrada. Del barro se agarran la cabeza los periodistas de carrera, que ven cómo una profesión que es el oxígeno de la democracia se intoxica día sí y día también.

Por su parte, los reaccionarios y odiadores aprovechan para embadurnar de estiércol el terreno y manejarlo según sus intereses ideológicos o comerciales, o ambos.

Los comunicadores que difundieron el rumor piden disculpas entre lágrimas. Quienes tenían la responsabilidad de volcar una información tan delicada alcanzaron, al menos por unos minutos, aquello que la lógica del espectáculo recompensa: atención, audiencia y rating.

Aquí es donde aparece la figura del curandero de la información.

El curandero no verifica. Interpreta. No contrasta. Intuye. No responde a un método, sino a una lógica de urgencia, impacto y monetización. Puede acertar, pero su acierto no nace del rigor, sino de la casualidad o de la confianza que genera su presencia pública.

Su problema no es solo el error. Es la ausencia de filtro previo. Porque en su lógica primero se dice y después, si es necesario, se corrige. Y entre ese “decir primero” y el “rectificar después” se produce el daño.

En ese espacio intermedio, una hospitalización se convierte en una muerte. Un rumor se convierte en noticia. Y una conversación privada se transforma en espectáculo.

La rectificación y el papel de Florencia Peña

Tras la polémica, Florencia Peña pidió disculpas públicas. Se mostró muy avergonzada y lamentó haber difundido una información falsa en directo. Explicó que los datos le habían llegado desde la producción del programa como verificados a través del pinganillo, y que confió en esa información en el momento de la emisión. También pidió perdón a la familia Messi por el daño causado y anunció su decisión de abandonar su participación en el canal Luzu (ya veremos si ello se confirma fehacientemente)

El curandero frente al médico de la información

El periodismo profesional no está libre de errores. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre equivocarse tras verificar la información y difundir un dato sin contraste previo.

El problema aparece cuando el método desaparece. Cuando la verificación deja de ser una obligación y se sustituye por la urgencia del directo o por la presión de la audiencia.

Ahí se conecta todo. El salto del rumor a la “noticia” no ocurre en redes, sino en el momento en que un contenido sin verificar adquiere forma de información dentro de un entorno que lo valida por su simple emisión.

El médico puede equivocarse, pero trabaja con método, contraste, formación y responsabilidad. El curandero puede parecer convincente, incluso acertar en ocasiones, pero no se apoya en un sistema de verificación previo. El problema no es el error. El problema es la ausencia de método y de responsabilidad

Una cancha cada vez más embarrada

El episodio también reactivó la confrontación mediática. Distintos actores aprovecharon la polémica para atacar a la prensa o reforzar discursos propios. El resultado fue más ruido y menos claridad.

En un país donde el presidente de la Nación impulsa mensajes y ataques a la prensa bajo etiquetas y consignas públicas, este tipo de episodios se desarrolla en un terreno especialmente sensible. Y en una cancha ya embarrada, no siempre es sencillo determinar si hechos como este ayudan a clarificar o, por el contrario, profundizan la confusión sobre el papel del periodismo.

Si se considera que Florencia Peña no es periodista, el episodio puede servir incluso para reivindicar una profesión fundamental en cualquier democracia, reconocida además como parte del derecho a la información en distintos textos constitucionales.

Pero si se la sitúa, aunque sea de forma interesada, en el mismo plano que el periodismo profesional —como hacen algunos discursos que mezclan entretenimiento, opinión y comunicación bajo una misma etiqueta— entonces el resultado es nefasto. El episodio no diferencia, sino que contribuye a diluir aún más los límites y a empeorar la percepción pública sobre el oficio.

Sin embargo, la discusión no enfrenta a medios tradicionales y plataformas digitales. Tampoco opone periodistas y creadores de contenido. El conflicto real se sitúa entre el método y la improvisación. Entre lo social y el espectáculo. Entre los datos oficiales y la subjetividad de cualquier hijo de vecino que se pone a escribir o a hablar. Entre la búsqueda de impacto y la responsabilidad.

¿Quién paga esto? Nadie. No habrá penas de ningún tipo para los actores implicados. Ni siquiera un apagón del programa por parte de ciudadanos indignados que quieran castigar al medio por lo ocurrido. Nadie paga nada porque el show debe seguir.


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