RSF alerta sobre el peor momento para la libertad de prensa desde 2002, marcado por la crisis económica de los medios, el dominio de plataformas digitales no reguladas y el avance de la desinformación. Medios asfixiados por gigantes tecnológicos, gobiernos autoritarios y desinformación ponen en riesgo la libertad de prensa y la democracia.
Judith Victoria Cherquis
El dominio de las grandes tecnológicas hunde a los medios
Reporteros Sin Fronteras (RSF) advierte que la crisis actual ha agravado una situación ya deteriorada para los medios de comunicación. El mercado publicitario está dominado por Google, Apple, Meta, Amazon y Microsoft. En 2024, estas plataformas captaron 247.300 millones de dólares en ingresos publicitarios, un 14 % más que el año anterior, en canales que en su mayoría siguen sin regulación.
Anne Bocandé, directora editorial de RSF, señala que “sin independencia económica, no hay prensa libre”.
Explica que la fragilidad financiera arrastra a los medios a priorizar la audiencia sobre la calidad, exponiéndolos al control de oligarcas o políticos con intereses propios.
Estados Unidos lidera la crisis económica de los medios
RSF coloca a Estados Unidos como epicentro de la crisis financiera del sector, bajando al puesto 57 del índice, dos posiciones menos que en 2024 y doce desde 2023. Muchas regiones del país se han convertido en “desiertos informativos” tras el cierre masivo de medios. La situación global se ha deteriorado con el segundo mandato de Donald Trump. Su administración eliminó la financiación de medios internacionales como Voice of America y Radio Free Europe, lo que dejó sin acceso a información veraz a más de 400 millones de personas en todo el mundo.
También congeló los fondos de USAID, acción que perjudica a cientos de medios. En Ucrania, donde el 90 % depende de fondos extranjeros, varios ya cerraron.
La concentración mediática se agrava
RSF denuncia que en 46 países los medios están concentrados en pocas manos, sean privadas o estatales. Este fenómeno afecta incluso a países bien posicionados en el índice, como Finlandia (5), Canadá (21) o Australia (29).
En Francia (puesto 25, cuatro menos que el año anterior), ocho grandes fortunas controlan 20 medios que representan el 81 % de la circulación de diarios nacionales y el 95 % de los semanarios.
España mejora, pero la alerta persiste
España asciende al puesto 23, con una mejora de siete posiciones respecto al año anterior. Aun así, la presión económica y la concentración siguen siendo preocupantes en muchos países europeos.
Noruega lidera el índice por noveno año consecutivo, siendo el único con una evaluación positiva en los cinco indicadores del ranking. Le siguen Estonia, Países Bajos, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Irlanda. Nueva Zelanda aparece en el puesto 16, tras los 15 primeros europeos.
En el extremo opuesto, Eritrea ocupa la última posición (180), seguida por Corea del Norte, China (que cae seis puestos), Siria, Irán y Afganistán. En 42 países, que representan al 56,7 % de la población mundial, la libertad de prensa vive una situación “muy grave”.
Europa Occidental resiste mientras el resto se hunde
El informe destaca que Europa Occidental es la única región que mantiene cierto equilibrio, mientras el resto del mundo, incluso Europa del Este, experimenta un deterioro evidente.
Rusia cae nueve posiciones y se ubica en el puesto 171. RSF denuncia que los medios en ese país están controlados por el Estado o por oligarcas afines al Kremlin.
América Latina en caída libre
En América, 22 de 26 países muestran un retroceso económico en el sector.
Argentina continúa su descenso hasta el puesto 87, con una caída de 47 posiciones en dos años. Nicaragua (172) aparece como el peor país del continente, con una prensa independiente erradicada por el régimen de Ortega y Murillo.
Otros países latinoamericanos mal posicionados son Cuba (165), Venezuela (160), Honduras (142), México (124) y Colombia (119). Costa Rica es el mejor ubicado (36), aunque baja diez puestos. Brasil se encuentra en el puesto 63, y recupera terreno tras la salida de Jair Bolsonaro.
El mapa del informe refleja un escenario alarmante: el color oscuro, que indica una libertad de prensa muy restringida, se ha expandido desde África oriental hasta Rusia, Oriente Medio y buena parte de Asia.