La salida de Ángel Simón de Criteria continúa proyectando una larga sombra sobre los movimientos que se están produciendo en el entorno de La Caixa.
Rosa Costa
Para muchos observadores críticos con su gestión, los acontecimientos posteriores no hacen más que reforzar la idea de que sus ambiciones personales acabaron pesando más que la lealtad a la institución y a quienes impulsaron su carrera.
La marcha de María Lluïsa Martínez Gistau, que algunos sitúan en Indra a pesar del fichaje de Miguel López-Quesada, ha sido recibida por numerosos veteranos de la casa como una nueva decepción. Aunque su vinculación con el entorno de Simón era conocida desde hace años, su salida se interpreta entre algunos sectores como otro síntoma del progresivo alejamiento de los valores que durante décadas definieron a la entidad.
Todo ello se suma a otros movimientos que sus detractores atribuyen directamente a la influencia que Simón sigue intentando conservar. Entre ellos destaca el fichaje de Ciril Rozman, conocido en determinados círculos internos como “el Serbio”, a quien muchos identificaban como el ejecutor de las decisiones más controvertidas durante la etapa de Simón en Criteria.
Su desembarco en Indra, favorecido por su proximidad a determinados centros de poder político, ha sido interpretado por sus críticos como una simple escala dentro de una estrategia mucho más ambiciosa: situarse en disposición de aspirar algún día a ocupar el espacio de liderazgo que hoy representa Fainé. Sin embargo, la diferencia entre ambos perfiles resulta evidente para quienes conocen de cerca el funcionamiento de las instituciones. Mientras que Fainé ha construido su posición sobre la credibilidad, la solvencia y la capacidad de generar consensos, Simón parece haber basado buena parte de su trayectoria reciente en maniobras de poder y cálculos personales.
La destitución del consejero delegado de Indra ha alimentado aún más esta percepción. Sus críticos sostienen que aquella operación tenía un objetivo principal: obtener los poderes ejecutivos que hasta entonces no había conseguido reunir. Resulta especialmente llamativo, señalan, que quien llegó sin el respaldo suficiente para consolidar plenamente su autoridad terminara reforzando su posición mediante movimientos internos de gran impacto.
Con el verano por delante y una nueva estructura directiva ya configurada, Simón dispone ahora de más margen para seguir cultivando relaciones políticas en distintas direcciones. Aunque tradicionalmente se le ha vinculado al PSC,y especialmente al presidente de la Generalitat, Salvador Illa, nadie ignora sus esfuerzos por aproximarse también a los centros de decisión del Partido Popular, consciente de que su futuro dependerá en gran medida de los equilibrios políticos de los próximos años. La gran incógnita es si esos intentos tendrán éxito.
Para sus detractores, lo que se ofrece hoy como experiencia y capacidad de gestión no es más que un proyecto agotado por las ambiciones personales. Además, advierten de que quienes decidan comprar ese relato podrían acabar descubriendo demasiado tarde que la mercancía ya venía averiada de origen.
Tiempo al tiempo.