La tocata y fuga de González-Bueno revela la incertidumbre que ya rodea al Banco Sabadell
José Justo.
Las predicciones a veces se cumplen. Y la opinión de que la cotización bursátil del Banco Sabadell estaba hinchada al calor de la OPA se está confirmando. Aunque se mantiene en el entorno de los 33,3 euros —niveles similares a los del día de la victoria frente al BBVA—, lo hace en gran medida por la cercanía del dividendo ligado a la venta del banco británico TSB, que puede significar un abultado beneficio extraordinario del 15 %. Un dividendo excepcional que puede ser totalmente volátil si al día siguiente la acción empieza a descontarlo en un deshielo aún mayor.
Todo el sector bancario ha vivido una fuerte revalorización desde mediados del pasado octubre, cuando se anunció el fracaso de la OPA del BBVA contra el Sabadell. La entidad beligerante, el banco vasco, ha pasado de los 15,72 euros entorno a los 20 euros, con una revalorización al rededor del 25 %. Entre otras entidades españolas, CaixaBank y el Santander lucen revalorizaciones por encima del 22 %.
Por el contrario, el Banco Sabadell, el ganador de la contienda, permanece inerte. Se comenta en el mercado que si no ha sufrido un mayor deterioro bursátil es porque se han activado determinados apoyos institucionales.
El panorama financiero que se le abre ahora al Sabadell no es nada alentador, por varios motivos. Para hacer frente al BBVA, Josep Oliu se comprometió a dar a sus accionistas la mayor rentabilidad por dividendo entre todos los bancos europeos en 2026 y 2027. Y cortando el jamón con tanto desenfreno, se llega a tocar hueso.
La tocata y fuga de González-Bueno, el ejecutivo que lideró brillantemente la resistencia numantina a la OPA, es muy reveladora. Tocar el éxito y desaparecer justo después. Ver venir el reverso que se avecina con un panorama exprimido y complejo de fertilizar. Probablemente la Bolsa empieza a descontar estos horizontes no muy prometedores.