Vogue reúne a Meryl Streep y Anna Wintour en una portada que fusiona cine y realidad y reaviva el universo de El diablo viste de Prada con la promoción de su secuela.
Judith Victoria Cherquis
La revista Vogue ha protagonizado un nuevo ejercicio de convergencia entre medios, cultura pop y ficción al reunir en su portada a Meryl Streep y Anna Wintour, en un encuentro que reconfigura los límites entre el periodismo de moda y el universo cinematográfico de El diablo viste de Prada.
La conversación, publicada en la portada de mayo de 2026 de la edición estadounidense, anticipa además el estreno de la secuela de la película (The Devil Wears Prada 2), prevista para el 1 de mayo en cines.
El encuentro adquiere una dimensión simbólica: Wintour, editora jefe de Vogue y figura que inspiró al personaje de Miranda Priestly, comparte espacio con Streep, intérprete de esa misma editora en la ficción. Dos “Mirandas” frente a frente en un diálogo moderado por la directora Greta Gerwig.
En términos de Miranda y de volver a ese personaje 20 años después, pensé honestamente en Anna, afirma Streep en la conversación publicada por Vogue, al explicar cómo el personaje se construyó a partir de la observación de la figura real de Wintour.
La propia Wintour reconoció haber contactado con la actriz ante los rumores de la secuela: “Sabía que me diría si todo iba a estar bien. Confiaba en ella implícitamente”.
La producción, fotografiada por Annie Leibovitz y estilizada por Grace Coddington, refuerza la idea de una industria donde los límites entre realidad editorial y relato cinematográfico se difuminan. En el reportaje, ambas figuras conversan sobre moda, familia y trabajo, mientras Vogue se convierte, una vez más, en algo más que una revista: en parte del propio relato que ayudó a construir.