Una mayor actividad física puede reducir el riesgo de cáncer, según un estudio publicado en la revista Preventive Medicine.
Eva Marabotto
Un estilo de vida más activo puede reducir el riesgo de cáncer. Así lo demuestra una investigación publicada en la revista Preventive Medicine que analiza el impacto de la actividad física en distintos tipos de tumores asociados a la obesidad. La investigación se difunde mientras laESMO (European Society For Medical Oncology) realiza su congreso anual sobre oncología.
El estudio, realizado por la Universidad de Navarra, concluye que una vida más activa puede disminuir casi a la mitad el riesgo de desarrollar cánceres como los de colon, mama, páncreas o riñón. Los resultados se basan en el seguimiento de más de 19.000 personas durante trece años.
El impacto del movimiento en la prevención
Los investigadores crearon un índice de estilo de vida activo que valoraba factores como el tiempo de ejercicio, la velocidad al caminar o las horas frente al televisor. Con esta herramienta, clasificaron a los participantes en tres niveles: baja, media y alta actividad física.
Según la doctora Estefanía Toledo, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública, “las personas con un estilo de vida más activo mostraron una reducción de casi un 50 % en la incidencia de estos cánceres frente a quienes llevaban una vida más sedentaria”. En promedio, cada punto adicional en el índice reducía el riesgo relativo en un 12 %.
El trabajo forma parte del proyecto SUN (Seguimiento Universidad de Navarra), iniciado en 1999. Esta cohorte sigue la evolución de miles de graduados españoles mediante cuestionarios bianuales sobre hábitos de vida y salud.
Más movimiento, menos tiempo sentado
“Un hallazgo interesante —añade la doctora Maite Bastyr-Diego— es que cumplir solo las recomendaciones mínimas de la OMS no fue suficiente para reducir el riesgo. Lo importante es moverse más y sentarse menos”. Este enfoque amplía la mirada sobre la prevención.
El estudio refuerza la necesidad de políticas públicas que promuevan la actividad física y reduzcan el sedentarismo. Además, plantea un cambio cultural: incorporar el movimiento diario como parte esencial de la salud. Un estilo de vida más activo puede reducir el riesgo de cáncer, pero también mejora la calidad de vida en general.
Los investigadores destacan la solidez del estudio por su duración y por la confirmación médica de los diagnósticos. Sin embargo, reconocen que la muestra, compuesta por universitarios con hábitos saludables, podría limitar la generalización a toda la población.