Un equipo de la Universidad Rovira i Virgili investiga el uso de estas cápsulas inteligentes para atacar la enfermedad de forma localizada.
Eva Marabotto
Los tratamientos oncológicos tradicionales suelen dañar las células sanas del cuerpo. Esta falta de selectividad provoca efectos secundarios graves en los pacientes. Por este motivo, los científicos buscan soluciones tecnológicas más precisas. La nueva estrategia consiste en encapsular los fármacos en contenedores microscópicos.
El diseño de estos elementos permite que viajen por el organismo sin liberar la medicación antes de tiempo. Los compuestos químicos exteriores interactúan únicamente con los tejidos dañados. De este modo, los médicos pueden reducir las dosis administradas de manera drástica.
Estrategia de aislamiento celular
El método imita las tácticas militares de la antigüedad para rendir fortalezas. "En la Edad Media, cuando se quería rendir una fortaleza, no siempre se atacaba directamente, sino que se la aislaba para cortarle los suministros", explica el doctor Miquel Sistaré, director médico del proyecto y consejero delegado de la empresa SisviLab. El plan actual pretende rodear la zona tumoral para evitar que reciba nutrientes esenciales.
Las estructuras creadas tienen un tamaño de entre 200 y 300 nanómetros. Esta dimensión resulta similar a la de un virus común. Los investigadores utilizan biopolímeros compatibles con el cuerpo humano para evitar rechazos. El tamaño diminuto impide que los órganos como el hígado retengan las partículas. El proyecto utiliza las nanocápsulas inteligentes para atacar el cáncer mediante un sistema de detección pasiva y activa.
Los órganos afectados pueden llegar a reclamar el medicamento de forma directa. "Podemos incorporar marcadores a estas cápsulas, es decir, compuestos que engañan a un órgano concreto para que las reconozca y las absorba", revela Yaride Pérez Pacheco, investigadora del Departamento de Ingeniería Química de la institución académica. Este mecanismo selectivo evita la dispersión del fármaco por el torrente sanguíneo general.
Producción y fases de estudio
El proceso de fabricación requiere un control estricto de las condiciones ambientales. Los ingenieros transforman una solución líquida en una nube de gotas muy finas. "Producimos las nanocápsulas mediante un proceso de atomización", indica Joan Rosell, investigador de la universidad catalana. Estas partículas se secan con rapidez para obtener un polvo sólido utilizable.
La aplicación de esta tecnología abre la puerta a pacientes que antes quedaban excluidos de las terapias agresivas. Las mujeres embarazadas y los niños podrían recibir estos tratamientos dirigidos. También permite recuperar principios activos eficaces que se descartaron en el pasado por su alta toxicidad. El empleo de nanocápsulas inteligentes para atacar el cáncer se encuentra en una fase de desarrollo intermedio.
Los ensayos en el laboratorio con cultivos celulares han ofrecido resultados positivos. El grupo científico inicia ahora las primeras pruebas con modelos animales vivos. Los expertos recuerdan que el proceso es largo hasta lograr un producto farmacéutico comercial. El formato final del medicamento podría variar desde un suero intravenoso hasta un inhalador pulmonar.
Noticias relacionadas:
Desarrollan nanopartículas para luchar contra el cáncer de próstata