Un estudio publicado en Anales de Pediatría demuestra que la combinación de fármacos y cambios de hábitos ofrece un tratamiento eficaz de la obesidad adolescente.
Eva Marabotto
En los últimos años, la obesidad en adolescentes se ha convertido en un reto sanitario creciente. A pesar de los avances en adultos, el uso de nuevos fármacos en población joven aún despierta dudas. En este contexto, un equipo del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria de Tenerife ha arrojado luz con datos recientes.
El trabajo, publicado en Anales de Pediatría de la Asociación Española de Pediatría, comparó la eficacia de un agonista del receptor GLP-1 (liraglutida) combinado con modificaciones del estilo de vida, frente a los cambios de hábitos por sí solos. Los resultados señalan que esta combinación puede convertirse en un tratamiento eficaz de la obesidad adolescente.
Más resultados con la combinación de fármacos y hábitos saludables
Los investigadores analizaron a 62 adolescentes de entre 12 y 18 años con obesidad severa. La mitad recibió medicación junto a dieta equilibrada y ejercicio durante casi siete meses. La otra mitad solo siguió pautas saludables. Los datos son claros: casi la mitad del grupo medicado perdió más de un 5% de su índice de masa corporal (IMC), mientras que en el grupo sin fármacos solo un 3% lo consiguió.
Además de la pérdida de peso, quienes recibieron liraglutida mejoraron en niveles de insulina, triglicéridos y presión arterial. Incluso se redujo el número de casos en prediabetes. Estas mejoras se mantuvieron seis meses después, lo que sugiere un efecto sostenido.
Un cambio necesario en el enfoque terapéutico
“Históricamente, las únicas herramientas para tratar la obesidad en adolescentes han sido la dieta y el ejercicio”, explicó la doctora Mónica Ruiz Pons, autora principal del estudio. “Nuestro trabajo muestra que los fármacos GLP-1, junto con cambios de hábitos, pueden ser una opción eficaz y segura”, completó.
La liraglutida actúa sobre el hipotálamo, reduciendo el apetito y aumentando la saciedad. Esto ayuda especialmente a los jóvenes que comen por ansiedad. Según datos del Ministerio de Sanidad, la prevalencia de obesidad infantil en España sigue entre las más altas de Europa.
Reflexión conjunta entre profesionales y familias
Los investigadores proponen que pediatras, endocrinólogos y familias valoren el uso de estos fármacos en casos graves y resistentes a otras intervenciones. La propuesta coincide con las guías de la American Academy of Pediatrics, que recomiendan actuar de forma temprana, sin esperar a que el problema avance.
Para la doctora Ruiz Pons, “la obesidad pediátrica debe tratarse como una enfermedad crónica”. Esto implica ofrecer más opciones terapéuticas, pero también estudiar los posibles efectos a largo plazo en lo físico y lo emocional.
Finalmente, los autores reconocen limitaciones en el estudio, como su carácter observacional y la decisión voluntaria de iniciar o no el tratamiento. Sin embargo, insisten en que ampliar la investigación permitirá consolidar esta estrategia como un tratamiento eficaz de la obesidad adolescente.