Kodak, la empresa que democratizó la fotografía, enfrenta su ocaso

agosto 23, 2025
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Publicidad vintage del zoom que presentaba Kodak
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Kodak marcó la historia de la imagen con un lema simple y revolucionario "Apriete el botón, nosotros hacemos el resto". Hoy, la empresa atraviesa su momento más difícil y la fotografía... ¿también?.

Judith Victoria Cherquis

La fotografía: un arte en constante evolución

La fotografía nunca deja de transformarse. Cada innovación tecnológica convive con versiones históricas que siguen vigentes, y así se construye un arte en constante evolución y revolución. Hoy, la digitalización masiva, sobre todo a través de los móviles, no ha desbancado a la fotografía analógica. La técnica histórica convive con lo más moderno, y la práctica fotográfica integra todo su recorrido sin dejar atrás nada de su historia.

Por eso resulta tan complejo el presente de la fotografía: la vida profesional de los fotógrafos y la aspiracional de los estudiantes se desarrolla en un terreno donde todo está revuelto y coexiste lo artesanal, lo digital, lo experimental y lo documental.

Kodak: auge y crisis de un gigante

Kodak, la compañía que popularizó la fotografía, enfrenta uno de sus momentos más críticos. La empresa no tiene liquidez suficiente para cubrir su deuda cercana a 500 millones de dólares, lo que genera incertidumbre sobre su futuro.

Aunque ha recibido apoyo económico en el pasado, su valor bursátil ha caído y los expertos alertan sobre un posible final de este gigante centenario. Su legado, sin embargo, sigue vivo: George Eastman lanzó la primera cámara Kodak en 1888, y así democratizó el acceso a la fotografía y puso la creatividad en manos de millones de personas.

Mientras hablamos de la fotografía analógica en pasado pluscuamperfecto, de repente el interés por la fotografía analógica y los procesos históricos resurge con fuerza. No solo los carretes (favor de guardarlos en la nevera éstos días quienes tengan); técnicas como el colodión húmedo, que data del siglo XIX, capturan la atención de fotógrafos contemporáneos como Martí Andiñach. Su trabajo en retratos y talleres conecta lo moderno con lo artesanal de una forma que o bien es de una nostalgia incurable, o es totalmente hipermoderno.

Un mito aclarado

Hablamos de Eastman y surge el nombre de Linda Eastman (luego, Linda McCartney), fotógrafa y esposa del ex Beatle  Paul McCartney. No, no tiene relación con la familia Eastman de Kodak. Su apellido de nacimiento era Eastman, pero su familia no era heredera del imperio Kodak y su carrera es completamente independiente de la empresa.

Fotoperiodismo en tiempos de teléfonos inteligentes

Hoy cualquier persona, en cualquier lugar, puede registrar un hecho con la cámara de su celular. Una protesta, una catástrofe natural, una situación íntima: todo puede ser fotografiado de inmediato y compartido al instante.

Esto plantea preguntas urgentes:

  • ¿Qué significa ser fotoperiodista cuando todos tenemos una cámara en el bolsillo?
  • ¿Todos los que logran una “buena foto” en términos técnicos son automáticamente fotógrafos?

Si cualquiera puede hacer una foto, ¿cualquiera puede ser capaz de transformar esa foto en historia, en documento, en memoria colectiva?. El fotoperiodismo no se define solo por la técnica o por el acceso a una herramienta, sino por un código ético y una responsabilidad narrativa y, sobre todo, por una idea y una historia. El fotoperiodista no solo “toma” imágenes: construye relatos visuales que aspiran a ser testimonio, con rigor, contexto y compromiso con la verdad. Al menos siempre fue así. ¿Sigue esto en vigor?. Allí radica el desafío de la profesión en tiempos de hiperabundancia visual.

Gran parte de la Historia del siglo XX se la debemos a los fotoperiodistas.

Fotografías que cambiaron el mundo

Algunas imágenes trascienden su tiempo y se convierten en símbolos universales de la condición humana:

  • "Muerte de un miliciano" (1936) de Robert Capa – símbolo de la tragedia de la Guerra Civil Española.
  • "El terror de la guerra" (1972) de Nick Ut – la niña Kim Phúc corriendo quemada por napalm en Vietnam.
  • "El niño sirio en la playa turca" (2015) de Nilüfer Demir – Alan Kurdi, imagen que sacudió la conciencia global frente a la crisis migratoria.
  • "La mano de Dios" (1986) de Eduardo Longoni – Maradona y el gol más polémico de los mundiales, símbolo cultural del fútbol argentino.
  • "Rituales en Haití" (2002) de Cristina García Rodero – espiritualidad y tradición a través del vudú.
  • “Tejero dispara al techo del Congreso” (1981) de Manuel Pérez Barriopedro – icónica fotografía de Antonio Tejero disparando al techo del Congreso de los Diputados durante el intento de golpe de Estado del 23-F .

Pero no solo la guerra y la política han generado imágenes icónicas: también la vida cotidiana, el cine y la cultura popular lo han hecho:

  • El beso de Times Square (1945), Alfred Eisenstaedt – celebración del fin de la Segunda Guerra Mundial.
  • El Che con boina (1960), Alberto Korda – reproducido hasta el infinito, entre política y cultura pop.
  • Marilyn Monroe sobre la rejilla del metro (1954), Sam Shaw – cine y mito cultural.
  • El hombre frente a los tanques en Tiananmén (1989), Jeff Widener – la resistencia individual frente al poder.
  • La Tierra desde el espacio (1968), misión Apolo 8 – “Earthrise”, la foto que cambió nuestra mirada planetaria.

Estas imágenes muestran que la fotografía no solo documenta, sino que moldea sensibilidades colectivas y redefine el transcurso de la historia.

El futuro de la fotografía

La fotografía seguirá evolucionando, combinando lo documental, lo artístico y lo experimental. Será testimonio directo, pero también pseudo-testimonio, cuando la manipulación digital expanda su lenguaje y ponga en duda la frontera entre lo real y lo ficticio.

Este punto nos da el pie para mencionar a Joan Fontcuberta, quien exploró con maestría cómo la fotografía puede manipular la realidad para reflexionar sobre nuestra credulidad suprema ante la imagen. Su obra Fauna, creada en una época pre-digital, cuando la credulidad hacia las fotografías era muy sólida, combina arte, rigor intelectual y profesionalidad para mostrar que toda fotografía puede ser una ficción. De esta manera , Fontcuberta actuó como un antídoto, alertando sobre la manipulación no ética que vendría después y quedó expuesta la importancia de la dimensión ética en el fotoperiodismo.

¿Qué futuro le espera a la fotografía en una era de inteligencia artificial, de imágenes generadas por algoritmos y de realidades fabricadas en pantallas?

Aquí se cruzan las voces de pensadores contemporáneos

  • Byung-Chul Han (Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025) señala la autoexplotación en la sociedad del rendimiento: las imágenes nos exigen exponernos sin pausa, volviendo la fotografía un trabajo sin fin.
  • Shoshana Zuboff advierte sobre el capitalismo de la vigilancia: las fotos ya no son solo recuerdos o arte, también son datos monetizables para las plataformas.
  • Donna Haraway imagina identidades híbridas, donde la fotografía sea prueba de cuerpos y tecnologías entrelazados.
  • Hito Steyerl describe las “imágenes en caída libre”: fotografías sin suelo, desancladas de lo real, que circulan infinitamente en la red.
  • Jacques Rancière recuerda que la fotografía organiza la política de lo sensible: decide quién es visible y quién queda oculto.

A esto se suma el fenómeno de las redes sociales, donde la fotografía dejó de ser un archivo de memoria para convertirse en una performance constante del yo. En Instagram o TikTok no se trata tanto de recordar, sino de mostrarse. La foto es identidad, marketing y proyección de un estilo de vida.

Por otro lado, la formación en fotografía enfrenta un desafío nuevo. La técnica está al alcance de todos —cualquier teléfono inteligente puede tomar imágenes nítidas y técnicamente correctas—, pero lo esencial sigue siendo la mirada. Hoy, estudiar fotografía no es tanto aprender a usar una cámara (que también), sino aprender a narrar con imágenes, a dar contexto, a crear significado en un océano de fotos instantáneas.

El futuro de la fotografía, entonces, no es una línea recta sino una tensión constante entre memoria y manipulación, testimonio y simulacro, arte y dato, archivo e inmediatez.

La pregunta —más retórica que práctica— queda abierta:

¿seguirá la fotografía siendo el espejo del mundo, o se convertirá en un espejo fabricado por las máquinas y las plataformas para dirigir nuestras miradas?

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