Según un estudio impulsado por Roche España, más de la mitad de los cuidadores de personas con deterioro cognitivo sufren estrés.
Eva Marabotto
El 60% de los cuidadores de personas con deterioro cognitivo sufren estrés en fases muy iniciales. Además, el dato procede del estudio CARE-eAD, presentado en el Congreso Nacional de Alzheimer. Por eso, los expertos alertan del impacto temprano sobre la salud emocional de quienes cuidan.
CARE-eAD analiza la situación de 196 cuidadores no profesionales en 19 centros españoles. Asimismo, revela ansiedad y depresión en porcentajes significativos. Además, el estudio está impulsado por Roche España y aporta herramientas diseñadas para medir el impacto real.
Los investigadores subrayan que el 60% de los cuidadores de personas con deterioro cognitivo sufren estrés antes de que avance la enfermedad. Así toman forma nuevos indicadores para detectar riesgos en etapas iniciales.
Un perfil cuidador que asume gran carga
La mayoría de estos cuidadores son familiares directos. Además, suelen ser mujeres. También dedican una media de 19 horas semanales al cuidado. Por eso, la conciliación resulta difícil.
El análisis muestra que el 73,5% convive con la persona atendida. Además, el 52% está jubilado y el 31,9% solo podría trabajar a tiempo parcial. Así, el impacto laboral es evidente.
Otro dato clave es el bienestar emocional. Aunque muchos asumen sus tareas con eficiencia, la mitad admite tristeza ocasional. Sin embargo, tres de cada cuatro mantienen esperanza ante el futuro.
Nuevas claves para intervenir antes
El estudio identifica áreas prioritarias para mejorar el apoyo a los cuidadores. Además, observa poca angustia por síntomas tempranos y alto nivel de apoyo social. También detecta diferencias según edad y convivencia.
Los expertos destacan la necesidad de detectar ansiedad y depresión desde el inicio. Asimismo, insisten en ofrecer recursos de respiro y formación práctica. Por eso, consideran urgente reforzar el acompañamiento sociosanitario.
En conjunto, CARE-eAD aporta evidencias sobre cómo actuar antes. Así, los datos confirman que el 60% de los cuidadores de personas con deterioro cognitivo sufren estrés, incluso en fases leves. Esto permite proponer cambios concretos en la atención cotidiana.
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