Una investigación de la Universidad Rovira i Virgili (URV) demuestra que la biodiversidad alimentaria puede reducir el riesgo de muerte.
Eva Marabotto
Una dieta para alargar la esperanza de vida no solo se basa en comer sano. También es clave incluir más variedad de alimentos. Así lo señala un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad Rovira i Virgili (URV) y el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV).
La investigación, publicada en Science of the Total Environment, analizó durante seis años los hábitos de más de 7.200 personas mayores. Todas tenían un riesgo cardiovascular elevado. El objetivo fue comprobar si la variedad de especies animales y vegetales en la dieta influía en su salud y longevidad.
Cuanto más variada la dieta, menor el riesgo de muerte
El estudio creó un indicador llamado Riqueza de Especies Dietéticas (DSR, por sus siglas en inglés). Este mide cuántas especies distintas forman parte de la dieta diaria. Los resultados fueron claros. Por cada especie adicional consumida de forma habitual, el riesgo de mortalidad general se redujo un 9%.
Además, el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular bajó un 7% y el de cáncer, un 8%. Según la investigadora Sangeetha Shyam, “no solo importa qué comemos, sino también cuántas especies distintas incluimos en el plato”.
Una dieta variada, incluso más allá de la mediterránea
El trabajo forma parte del proyecto PREDIMED, que estudia los beneficios de la dieta mediterránea. Sin embargo, esta nueva línea de análisis sugiere que la diversidad alimentaria aporta beneficios incluso cuando no se sigue ese patrón.
Los autores explican que no todos los participantes con una dieta saludable presentaban una alimentación biodiversa, y viceversa. Por tanto, la dieta para alargar la esperanza de vida no se limita a un solo modelo, sino que puede adaptarse con distintos alimentos.
Beneficios posibles: más nutrientes y mejor microbiota
Aún no se conoce con exactitud por qué una mayor diversidad en la dieta se asocia con menos mortalidad. Pero hay hipótesis sólidas. Por ejemplo, incluir muchas especies distintas puede aportar una gama más amplia de nutrientes y compuestos beneficiosos.
Además, esta variedad favorece una microbiota intestinal más equilibrada. Esta microbiota juega un papel clave en la salud inmunológica y metabólica. Por tanto, una dieta para alargar la esperanza de vida podría tener efectos que van más allá del corazón o el peso corporal.
Colaboración científica y próximos pasos
El estudio fue posible gracias a un amplio equipo de instituciones. Participaron la URV, el IISPV y el CIBERobn del Instituto de Salud Carlos III. Este tipo de proyectos confirman el valor de la ciencia colaborativa en temas de salud pública.
En resumen, según los investigadores, adoptar una dieta para alargar la esperanza de vida no solo es posible, sino también recomendable. Basta con introducir más especies animales y vegetales en la rutina diaria. Comer más variado, al parecer, es también vivir más.