Fallece Moncho González Cabezas, periodista de La Vanguardia, quien deja una huella clave en la transición y en la ética del periodismo.
Judith Victoria Cherquis
Un europeísta vocacional en la transición
La transición produjo un plantel de periodistas que contribuyeron al asentamiento de la democracia en España. José Ramón Moncho González Cabezas fue uno de ellos. Entró en La Vanguardia en 1974 de la mano de Horacio Sáenz Guerrero. Se ocupó de la información local en una Barcelona marcada por la tensión política. El régimen se deshilachaba. La fragilidad física de Franco y el agotamiento de la dictadura eran evidentes. En las redacciones, el cambio político estaba en el aire.
Moncho nació en A Coruña y pasó tres años en Vevey, Suiza, donde trabajaba su padre en Nestlé. Cuando la familia se estableció en Barcelona, estudió periodismo. A los 24 años empezó a entrar y salir por la puerta giratoria de La Vanguardia en la calle Pelai. Se dedicó a lo que se llamaba hacer calle. Reportajes y entrevistas sobre lo que pasaba. Sobre la opinión pública. Sobre hacia dónde nos dirigíamos.
El núcleo de política catalana
Los acontecimientos se aceleraron. Moncho se unió a un núcleo pequeño de periodistas que informaron en Política Catalana. La sección se hacía en el Parlament. Comenzó con el Estatut de 1979. Continuó con las primeras elecciones a la presidencia de la Generalitat en 1980. En aquella etapa firmó con el pseudónimo Tabelión. Publicó billetes cortos y audaces cuando Jordi Pujol empezó su singladura como president.
En ese núcleo estaban Margarita Sáenz Díaz, Albert Viladot y Vladimir de Semir. Todos informaban directa o indirectamente sobre la política catalana. Moncho vivió el golpe del 23-F desde la redacción. Un colega recuerda que se cayó de la silla al ver a Tejero disparar en el Congreso. Fue una noche tensa al lado de Jaime Arias y del director.
Madrid y el giro socialista
Como delegado en Madrid vivió el cambio de 1982. La victoria socialista se produjo por mayoría absoluta. Sus crónicas fueron equilibradas y contrastadas. Moncho era europeísta y vivía con pasión el camino hacia la integración de España en Europa. España se incorporó a la Comunidad Económica Europea en 1986. Ahora se cumplen 40 años de aquel hecho.
Uno de sus viajes más memorables fue acompañar a Felipe González a Washington DC. La entrevista con Ronald Reagan cambió la política exterior del gobierno socialista. González llegó con el lema OTAN de entrada no y regresó como atlantista. Prometió un referéndum en 1986. El pueblo español votó sí con 52,5% y no con 39,8%. Ese viaje abrió el camino hacia las instituciones internacionales.
Ética periodística y el primer Código Deontológico
Moncho fue un profesional que respondía a la definición de un director de The Times. Un periodista debe estar abierto a todos los puntos de vista sin ser indiferente. Si hay que definirlo, fue un periodista honesto. Sabía situar los acontecimientos en códigos éticos. Esos códigos son norma en todas las profesiones.
El Consell de la Informació de Catalunya (CIC) destaca su papel en la gestación del primer Código Deontológico. Fue uno de los impulsores del texto creado en 1992. Recibió el encargo expreso de redactar sus criterios iniciales. Mantuvo un compromiso firme con el rigor informativo. También formó parte del CIC como miembro. Promovió buenas prácticas entre los medios mediante ponencias. En 2022 participó en el documental sobre el origen del código, donde aportó su testimonio directo sobre el proceso de creación.
París y el europeísmo firme
En 2000 fue corresponsal en París por decisión del editor Javier Godó. Vivía frente a la Fundación Pompidou, cerca de Les Halles. Su casa fue un lugar de paso para colegas y amigos de Barcelona y de otros corresponsales europeos. Paseó por las orillas del Sena el día en que el Barça ganó la Champions el 17 de mayo de 2006.
Moncho era moderno y curioso. Seguía las corrientes sociales que cambian la historia. Le apasionaba la política. Leía historia de Cataluña, España y Europa. Se daba cuenta del significado de los hechos. Tenía ironía y humor. No levantaba la voz, pero se hacía escuchar. Gallego de nacimiento, tenía predilección por Asturias. Pasó allí muchos veranos. Sin embargo, sus raíces estaban en Cataluña. Su casa siempre fue Barcelona. Fue un personaje que hizo el trabajo de cien y el ruido de dos. Un periodista que supo estar a la altura de su tiempo.