Especialistas que participaron del Congreso de la semFYC alertan de que las mujeres mayores sufren una doble discriminación en el SNS y arrastran consecuencias graves que afectan su calidad de vida.
Eva Marabotto
Los especialistas alertan sobre un problema creciente. Además, recuerdan que mujeres mayores sufren una doble discriminación en el SNS. El impacto afecta a su salud física y mental. También condiciona su autonomía.
El debate surgió en el Congreso de la semFYC en Madrid. Allí se analizó cómo evitar reproducir estereotipos en la consulta. De este modo, se subrayó la urgencia de actuar desde Atención Primaria.
Manifestaciones y causas de la discriminación
La doble discriminación aparece en gestos cotidianos. Por ejemplo, se observa en frases como “ya es normal a su edad”. También se refleja cuando el profesional habla al acompañante y no a la paciente. Así, se reproducen prejuicios basados en la edad y el género.
Las ponentes recordaron que el sistema tampoco acompaña. Falta adaptación de materiales, se excluye por edad cronológica y se imponen canales digitales sin alternativas. “Las agendas impiden dedicar el tiempo suficiente para asegurar entendimiento”, explicó Samar Hassan.
Los datos confirman el alcance del problema. Según la OMS, el edadismo reduce la supervivencia hasta en 7,5 años. Además, provoca peor salud física, más deterioro cognitivo y mayor aislamiento social. Por ello, mujeres mayores sufren una doble discriminación en el SNS que agrava estas consecuencias.
En España, ellas representan la mayoría de la población mayor de 75 años. Sin embargo, siguen infrarrepresentadas en estudios y programas públicos. Esto perpetúa brechas en prevención, diagnóstico y tratamiento.
El Informe Mundial sobre Edadismo añade otro dato relevante. Una de cada dos personas mantiene actitudes edadistas. Además, identifica tres vías eficaces para reducir esta discriminación: leyes, educación y contacto intergeneracional. “Combatir el edadismo es una cuestión de derechos humanos”, destacó Samar Hassan Querol, vocal de residentes de la Sociedad Andaluza de Medicina Familiar y Comunitaria (SAMFyC) .
Una intersección de desigualdades
La discriminación se multiplica cuando interactúan edad y género. Mercedes Hernández, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, lo resumió así: “Ser mujer suma puntos para tener más enfermedades, más pobreza y más soledad”. Por tanto, el sesgo se vuelve estructural.
También lo subrayó Paula Rubio, del grupo de trabajo de Inequidades en Salud de la semFYC. “Los ejes de desigualdad se entrecruzan generando diferencias injustas”, señaló. Por eso, pidió avanzar hacia una mirada interseccional en la práctica clínica.
Propuestas para un cambio real
Las especialistas pidieron reforzar la formación. Además, reclamaron incorporar perspectiva de género y edad en los programas universitarios. Del mismo modo, solicitaron mejorar la organización interna para valorar la edad funcional y no la cronológica.
La comunicación clínica es otro eje clave. Las ponentes recomendaron evitar el lenguaje infantilizador. También pidieron dirigir siempre la palabra a la paciente. Todo ello ayuda a fortalecer la autonomía y el respeto.
El trabajo comunitario completa el enfoque. Proponen impulsar proyectos intergeneracionales y dar voz a las mujeres mayores en las actividades de salud. Con ello, se reduce el aislamiento y se mejora su participación.
El mensaje final fue contundente. “Cada palabra es un acto clínico”, recordó Hassan. Por eso, pidió medir lo que importa: la comprensión y las decisiones compartidas. Así, el SNS podrá avanzar hacia una atención libre de prejuicios.
En este contexto, el rol de Atención Primaria resulta decisivo. Las especialistas reclaman una transformación cultural y organizativa. En definitiva, buscan que mujeres mayores sufren una doble discriminación en el SNS deje de ser una realidad en la consulta diaria.
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