La mayoría de los adultos con autismo tienen problemas de sueño

julio 10, 2025
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Pura Ballester y su grupo de investigación sobre el sueño en la Universidad Católica de Murcia (UCAM). Foto: prensa.
Pura Ballester y su grupo de investigación sobre el sueño en la Universidad Católica de Murcia (UCAM). Foto: prensa.

Los adultos con autismo tienen problemas de sueño a lo largo de toda su vida.

Eva Marabotto

Un equipo internacional ha confirmado que los adultos con autismo tienen problemas de sueño en todas las etapas vitales. Esta conclusión se basa en un estudio reciente liderado por la Universidad Católica de Murcia (UCAM), con la colaboración de varias instituciones académicas y sanitarias de España y del extranjero.

La investigación ha contado con la participación de 214 personas con trastorno del espectro autista (TEA), con y sin discapacidad intelectual.

El sueño como reto persistente

Para analizar el descanso, se utilizó un dispositivo de monitorización circadiana. Con él se estudió la actividad nocturna, la rutina diaria y la adaptación al entorno. Gracias a estos datos, se pudo trazar una evolución del sueño desde la infancia hasta la edad adulta.

Los resultados revelan un patrón claro: los adultos con autismo tienen problemas de sueño más marcados. Tardan más en dormirse y se despiertan con frecuencia durante la noche. De hecho, solo un 28 % alcanza los niveles considerados normales de eficiencia del sueño.

Entre los jóvenes, apenas un 26 % logra dormir con calidad suficiente. En niños, aunque el total de horas es adecuado, más del 55 % no duerme con la calidad deseada.

Cambios con la edad y el entorno

A medida que crecen, los horarios de sueño también cambian. En la infancia y la adolescencia, el sueño suele comenzar más tarde. El pico de descanso se sitúa hacia las tres de la madrugada. En adultos mayores, se adelanta el momento de dormir, en parte por la rutina de centros residenciales.

“Queremos estudiar cómo influye ese entorno residencial en el sueño, y cómo afecta a su rendimiento diario”, explicó Pura Ballester, investigadora principal. Además, destacó la importancia de seguir analizando este fenómeno desde una perspectiva práctica.

Estos hallazgos confirman que los adultos con autismo tienen problemas de sueño que afectan a su bienestar global. También evidencian que el descanso no debe tratarse como una cuestión aislada, sino como parte esencial del cuidado integral.

Hacia entornos más adaptados

El estudio plantea nuevas preguntas para la intervención clínica y social. Por ejemplo, cómo modificar las rutinas o ambientes para lograr un sueño más reparador. En este sentido, los investigadores piden más atención a este aspecto en los planes de atención para personas con TEA.

“Es fundamental adaptar los espacios y horarios para que el sueño se convierta en un aliado del bienestar”, concluye Ballester. Una mejor comprensión del descanso podría traducirse en mejoras reales en su calidad de vida.

Con este trabajo, se refuerza una evidencia: los adultos con autismo tienen problemas de sueño que deben abordarse desde una perspectiva multidisciplinar. La investigación, además, sienta las bases para desarrollar nuevas estrategias de apoyo y cuidado.

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