Desinformación, redes sociales y calidad democrática a debate en El Círculo de Economía.
Judith Victoria Cherquis
La sesión final del 40º encuentro del Círculo de Economía abordó una realidad que afecta a toda la sociedad de forma transversal. La información que nos llega a través de las redes sociales, muchas veces sin filtro de verificación, incide en todo lo que vivimos, tanto en el ámbito profesional como en el personal.
La mesa redonda titulada "Desinformación, redes sociales y democracia", moderada por Jordi Amat, filólogo, escritor, articulista y vocal de la Junta Directiva del Cercle d'Economía. Contó con la participación de Laura G. de Rivera, periodista científica y autora del ensayo Esclavos del algoritmo, y Cristina Monge, politóloga y experta en gobernanza. La desinformación no es nueva. Lo nuevo es la velocidad con la que circula a través de las redes y llega a la población.
Algoritmos invisibles y manipulación personalizada
Laura G. de Rivera ofreció una advertencia clara sobre el poder invisible de los algoritmos que gobiernan las plataformas digitales. Subrayó que estos sistemas moldean los marcos mentales de millones de personas sin que lo adviertan. “No entendemos el algoritmo, pero el algoritmo nos entiende perfectamente”, afirmó.
De Rivera alertó sobre el uso de los datos personales a gran escala, que permite a empresas y a partidos políticos diseñar mensajes específicos para públicos segmentados con altísima precisión “Se pueden crear mensajes que dan justo en la diana de cada segmento de la población”.
Se ha denunciado incluso en el Parlamento Europeo. Muchas cuentas falsas en algunos países que amplificaban los mensajes de determinados políticos para que pareciera que tenían mucho respaldo popular, eran bots. Algunos de ellos están en la Unión Europea.
También advirtió sobre los riesgos derivados de la venta de datos y su exposición a ciberataques, lo que multiplica las vulnerabilidades democráticas.
La estupidez humana. La servidumbre de nuestra conducta en la Red.
Cuando usamos las redes sociales y los buscadores no somos conscientes de que damos muchos datos sobre nosotros. No solo lo que podemos imaginar como la ubicación, a veces el nombre, si tenemos hijos o no, el estatus socioeconómico, pero lo que realmente es jugoso es toda la información que estamos dando sobre nuestros miedos, deseos, nuestras necesidades, inquietudes. Laura G. de Rivera destacó que esta información es tan valiosa que es el nuevo oro de nuestra era y es la información que se utiliza para las estrategias de propaganda de precisión, propaganda teledirigida, que la utilizan todos los partidos políticos.
Si no diéramos nuestros datos no sabrían a quién dirigir los mensajes. Esta información personal y sensible la damos, la regalamos cada vez que nos conectamos a Internet, la recogen y la venden al mejor postor. Y la damos a grandes compañías que son las más ricas del mundo, su modelo de negocio son nuestros datos.
Es legal en España utilizar esta información
En España, la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) establece que los partidos políticos pueden utilizar datos personales obtenidos en páginas web y otras fuentes de acceso público para llevar a cabo actividades políticas y ha sido objeto de debate por su compatibilidad con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea y la Constitución Española.
Las noticias falsas llegan a causar muertes
En algunas democracias inestables como es el caso de Birmania estas noticias falsas pueden causar muchas muertes. En una misma noche a través de las redes sociales filtraron mensajes opuestos sobre posibles ataques, entre los budistas y los musulmanes. El saldo 10 millones de muertos. Se ponen en peligro vidas humanas con este tipo de desinformación.
El periodismo desempeña una función primordial.
Hay un montón de gente emitiendo mensajes en las redes sin ningún tipo de acreditación, formación o reflexión. Cualquiera puede abrir una cuenta y muchas de ellas son anónimas, exentas de responsabilidad. Los mensajes no llegan por un medio de comunicación, llegan de parte de una persona de confianza, a quien se le supone credibilidad. Los periodistas filtran la información, la contrastan, y hoy estamos rodeados de noticias falsas.
El cóctel IDI: Incertidumbre, Desconfianza e Ignorancia
Cristina Monge centró su intervención en el debilitamiento de la conversación democrática. Planteó que la desinformación no surge espontáneamente, sino en contextos marcados por lo que denominó el “cóctel IDI”: incertidumbre, desconfianza e ignorancia.
Este entorno facilita la circulación de narrativas simplificadas y polarizantes, que degradan el espacio público “La democracia se erosiona sin una conversación pública de calidad”.
Monge reclamó políticas firmes que exijan responsabilidad a las plataformas digitales y enfatizó la importancia de reconstruir la confianza institucional como antídoto frente a la desinformación.
Más allá del fact-checking: repensar el modelo
Ambas expertas coincidieron en que los riesgos para la democracia son reales y actuales. Y aunque la alfabetización digital o la verificación de datos (fact-checking) son útiles, resultan insuficientes.
También ambas coincidieron en la necesidad de revisar a fondo el modelo de negocio de las plataformas, que hoy privilegia la viralidad frente a la veracidad. Para ello, reclamaron una regulación que asegure transparencia, rendición de cuentas y pluralismo, sin menoscabar la libertad de expresión. Proteger la calidad democrática exige actuar sin renunciar a los principios que la sustentan.
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