Una investigación de la Universidad de Málaga estudia al tejido adiposo como factor de avance de la enfermedad.
Eva Marabotto
Un estudio analiza el papel del tejido adiposo en el avance de la enfermedad e identifica posibles vínculos entre obesidad, diabetes y alzhéimer.
Un equipo científico de la Universidad de Málaga ha publicado un trabajo clave sobre el cerebro. El estudio se ha difundido en la revista Cell Communication and Signaling. La investigación explora el impacto de la grasa corporal en el desarrollo patológico.
Los científicos partieron de una hipótesis clara sobre el tejido adiposo. Este tejido no solo almacena energía, sino que actúa como órgano endocrino. Por tanto, sus alteraciones metabólicas afectan a la salud cerebral. “Nuestro grupo de investigación está especialmente interesado en comprender cómo la desregulación del tejido adiposo puede afectar al cerebro y contribuir a la progresión de la enfermedad de Alzheimer”, afirma Laura Trujillo-Estrada, investigadora principal del trabajo.
El proceso del estudio y los avances encontrados
Para comprobar esta relación, los expertos realizaron trasplantes de grasa de modelos con afecciones metabólicas a modelos experimentales. Tras dos semanas, los científicos evaluaron los efectos en el tejido cerebral. De este modo, confirmaron un aumento de la patología relacionada con la proteína tau. Además, detectaron la activación de procesos inflamatorios en las neuronas. La acumulación anómala de esta proteína resulta determinante en el deterioro cognitivo.
Los investigadores analizan ahora el impacto de la alimentación occidental. Este tipo de dieta contiene altos niveles de azúcares y carbohidratos. Asimismo, influye en las relaciones entre obesidad, diabetes y alzhéimer.
“Actualmente, estamos profundizando en el estudio de los posibles mecanismos inflamatorios inducidos por el trasplante que podrían acelerar la patología tau”, explica David Baglietto-Vargas, investigador de la Universidad de Málaga que lidera el proyecto. El científico detalla los fines de estas pruebas: “Este enfoque nos permitirá determinar con mayor precisión cómo los hábitos dietéticos propios de los países occidentales afectan al tejido adiposo y, en consecuencia, cómo podrían contribuir como factor de riesgo en la aceleración de la patogénesis de la enfermedad de Alzheimer”.
Cooperación internacional en la investigación
Este avance ha contado con la colaboración de expertos de la Universidad de California. La labor conjunta facilita el análisis de los nexos metabólicos. Por consiguiente, los hallazgos abren nuevas vías para entender el origen de la neurodegeneración. Los hábitos de vida adquieren así un papel relevante en la prevención. En definitiva, la ciencia sigue aportando datos sobre la relación entre obesidad, diabetes y alzhéimer.
Noticias relacionadas:
La Universidad de Málaga lanza una app para personas dependientes