La BBC quiere su propio YouTube

septiembre 10, 2026
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Estudios centrales de la BBC
Estudios centrales de la BBC

La corporación pública británica estudia abrir iPlayer a los creadores y desarrollar un algoritmo que priorice los valores del servicio público frente al engagement.

Judith Victoria Cherquis

La influencia de YouTube sobre el sector audiovisual va mucho más allá de la batalla por la atención de la audiencia. También está cambiando la estrategia de los medios tradicionales. La BBC es uno de los últimos ejemplos. Su director general, Matt Brittin, ha planteado transformar iPlayer en una plataforma más abierta a contenidos de creadores y dotarla de un «algoritmo de servicio público». La propuesta no pretende copiar sin más a YouTube, sino trasladar algunas de sus lógicas al modelo de radiotelevisión pública.

Una BBC más abierta a los creadores

Brittin presentó la idea durante el Festival de Televisión de Edimburgo. El director general planteó un posible «iPlayer 2.0» que permitiera incorporar contenidos de creadores digitales independientes. Podrían producir vídeos sobre comunidades locales, deporte, negocios o habilidades, siempre sometidos a las directrices editoriales de la BBC.

A cambio, los creadores accederían al alcance, la experiencia y la confianza asociados a la marca BBC. La propuesta supondría una transformación relevante para iPlayer, hasta ahora centrado principalmente en contenidos producidos o adquiridos por la corporación.

La idea tiene además un precedente tecnológico. Brittin ha reconocido ante el Parlamento británico que iPlayer está por detrás de YouTube y Netflix en materia de recomendaciones. Su objetivo es mejorar la capacidad de la plataforma para descubrir contenidos, pero sin limitarse a reproducir los hábitos del usuario.

Un algoritmo que no busque solo engagement

Aquí aparece el concepto central de la propuesta: el «algoritmo de servicio público».

Brittin defiende que el sistema de recomendaciones de iPlayer debería estar diseñado en torno a los objetivos de la BBC: informar, educar y entretener. No se trataría, por tanto, de optimizar únicamente el tiempo de consumo o la probabilidad de que el usuario haga clic en un contenido.

El propio Brittin explicó ante una comisión parlamentaria que el recomendador debería funcionar de forma parecida a la antigua programación televisiva. En lugar de ofrecer siempre contenidos similares a los que el espectador ya consume, podría utilizarse para llevarle hacia contenidos que amplíen sus intereses y sus conocimientos.

La lógica es especialmente relevante en un entorno dominado por plataformas cuyos sistemas de recomendación están diseñados alrededor de objetivos comerciales. La BBC quiere que su alternativa tenga los valores del servicio público en el centro y no esté condicionada por los intereses de una compañía tecnológica estadounidense.

La idea no nace ahora

El concepto de un algoritmo de servicio público no es nuevo en la BBC. Ya en 2019, James Purnell, entonces director de Radio y Educación de la corporación, planteó una estrategia similar para BBC Sounds. El objetivo era utilizar la personalización para descubrir contenidos y ampliar horizontes, en lugar de limitarse a ofrecer al usuario más de aquello que ya consume.

La BBC tampoco parte de cero en un sentido más amplio. Otras radiotelevisiones públicas europeas han desarrollado sistemas de recomendación que intentan combinar personalización y objetivos de servicio público. Sveriges Radio, por ejemplo, ha trabajado en un sistema denominado «News Values – The Public Service Algorithm». La radiotelevisión pública flamenca VRT también ha defendido sistemas de recomendación orientados a ampliar los intereses de sus usuarios.

El verdadero salto está en iPlayer

Lo más interesante de la propuesta de Brittin no es únicamente cambiar la manera en que iPlayer recomienda contenidos. Es cambiar qué puede ser iPlayer.

La apertura a creadores convertiría a la plataforma en algo más parecido a un ecosistema audiovisual que a un simple servicio de vídeo bajo demanda. La BBC dejaría de ser exclusivamente productora y editora de los contenidos que distribuye para convertirse también en una plataforma capaz de seleccionar, ordenar y dar visibilidad a producción externa.

El algoritmo asumiría así una función tradicionalmente reservada al programador de televisión: decidir qué aparece, qué se descubre y qué obtiene visibilidad. La diferencia es que esa decisión ya no estaría organizada mediante una parrilla lineal, sino mediante recomendaciones personalizadas.

El reto de competir con YouTube sin convertirse en YouTube

La BBC tiene claro que no puede competir con YouTube en escala. El propio Brittin ha reconocido ante el Parlamento que iPlayer «nunca» podrá rivalizar con la plataforma en volumen.

El objetivo sería otro: construir una alternativa pública capaz de ofrecer contenidos británicos, dar espacio a creadores y mantener una lógica de recomendación diferente. Brittin ha defendido incluso la posibilidad de convertir iPlayer en una plataforma audiovisual soberana para el Reino Unido, capaz de reunir contenidos de servicio público y reducir la dependencia de las decisiones algorítmicas de terceros.

La propuesta plantea, sin embargo, una contradicción difícil de resolver. YouTube ha alcanzado su escala gracias a una apertura prácticamente ilimitada a los creadores. La BBC, en cambio, tendría que compatibilizar esa apertura con sus estándares editoriales y sus obligaciones de servicio público.

Ahí está el verdadero desafío de un posible iPlayer 2.0: utilizar las herramientas de las grandes plataformas sin adoptar necesariamente su lógica.

La BBC tendría que demostrar que un algoritmo puede hacer algo más que maximizar el engagement. Podría convertirse en una herramienta para descubrir contenidos, ampliar perspectivas y conectar a las audiencias con historias que no habrían buscado por sí mismas.

En ese escenario, el algoritmo dejaría de ser simplemente una tecnología de recomendación. Se convertiría en el nuevo programador de la televisión pública.

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