Mario Vargas Llosa, escritor, periodista y Nobel de Literatura, falleció en Lima a los 89 años. Fue también Premio Cervantes y Príncipe de Asturias, y una de las voces más influyentes de la literatura en español.
Judith Victoria Cherquis
El escritor Mario Vargas Llosa falleció el 13 de abril de 2025. Su partida marca el fin de una era en la literatura hispanoamericana. Autor de novelas fundamentales, ensayos, obras de teatro y artículos periodísticos, fue también un apasionado de la política y un defensor de la libertad. Su vida y obra siguen latiendo en cada página que dejó.
Primeros años: el origen de un narrador incansable
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació el 28 de marzo de 1936 en Arequipa, Perú. Vivió su infancia entre Cochabamba (Bolivia), Piura y Lima. Su temprana incursión en el periodismo comenzó como redactor en los diarios La Crónica y La Industria. En 1952 estrenó su primera obra dramática, La huida del Inca, en Piura.
Durante su paso por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, se involucró en publicaciones literarias como Cuadernos de Composición y Literatura. En 1958 ganó la beca Javier Prado, que lo llevó a la Universidad Complutense de Madrid, donde obtuvo su doctorado en Filosofía y Letras.
Europa, literatura y revolución
París fue el punto de quiebre. En 1959, instalado en la capital francesa, trabajó en la AFP, la Radio Televisión Francesa y enseñó en la Escuela Berlitz. Allí coincidió con otros escritores latinoamericanos, y fortaleció su vocación literaria. Su militancia política lo llevó a apoyar la revolución cubana y formar parte de la revista Casa de las Américas en 1965.
Ese mismo año publicó La casa verde, ganadora del Premio Internacional Rómulo Gallegos. Tres años antes, su novela La ciudad y los perros había revolucionado la narrativa en español, y le valió el Premio Biblioteca Breve.
Conversación en La Catedral (1969) reafirmó su prestigio.
Ruptura con Cuba y compromiso liberal
En 1971, rompió con la revolución cubana tras el caso Padilla. Desde entonces, criticó el autoritarismo de Castro y defendió el pensamiento liberal. Se refugió en Londres, donde enseñó literatura en el Queen Mary College. Alternó su trabajo de escritor con empleos como traductor en la Unesco.
Durante esa década escribió el ensayo García Márquez: historia de un deicidio (1971), y La orgía perpetua (1975), sobre Flaubert. También presidió el PEN Club Internacional entre 1976 y 1979.
Ficción, escándalo y política en los 80
En los 80, Vargas Llosa estrenó la obra La señorita de Tacna (1981) y publicó la monumental La guerra del fin del mundo. Participó en la investigación del caso Uchuraccay (1983) y publicó Historia de Mayta (1984) y El hablador (1987).
En 1988 lanzó Elogio de la madrastra, su primera novela erótica. Al año siguiente, ingresó de lleno en la política y encabezó la coalición Fredemo como candidato presidencial. Fue derrotado por Alberto Fujimori en 1990.
Regreso a la literatura y premios internacionales
Tras su derrota electoral, volvió a Londres. En 1993 publicó su autobiografía El pez en el agua y la novela Lituma en los Andes. Fue nacionalizado español en 1993 y nombrado miembro de la Real Academia Española en 1994. Ese mismo año recibió el Premio Cervantes.
Durante esa década entregó obras como Los cuadernos de don Rigoberto, Ojos bonitos, cuadros feos y el polémico ensayo La utopía arcaica (1996), sobre José María Arguedas.
El Nobel y los años de madurez
El 7 de octubre de 2010, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura. Su novela El sueño del celta apareció ese mismo año. A ella siguieron El héroe discreto (2013), Cinco esquinas (2016) y Tiempos recios (2019).
Su última novela, Le dedico mi silencio, se publicó en 2023. En paralelo, consolidó su pensamiento liberal con ensayos como La llamada de la tribu (2018), Medio siglo con Borges (2020) y La mirada quieta (2022), sobre Benito Pérez Galdós.
Mario Vargas Llosa fue más que un novelista. Fue un pensador influyente, un periodista comprometido y una figura esencial del siglo XX y XXI. Con su muerte, el mundo pierde una voz lúcida y valiente. Pero su obra queda. Viva, libre y deslumbrante.