Sandra Golpe se defiende de la crispación en el Congreso

octubre 11, 2025
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Sandra Golpe. Congreso de los Diputados.Blanca Armario
Sandra Golpe. Congreso de los Diputados.Blanca Armario

La interrupción brusca de la diputada Blanca Armario a Sandra Golpe en el Congreso muestra la presión que vive el periodismo frente a la crispación política y social.

Judith Victoria Cherquis

Tensión en el Congreso entre Sandra Golpe y Vox

El acto institucional por el Día Internacional de la Niña en el Congreso de los Diputados dejó un choque que ha eclipsado el resto de intervenciones. La presentadora de Antena 3 Noticias, Sandra Golpe, que ejercía como moderadora, acudió al Congreso para presentar el informe Estado Mundial de las Niñas 2025, centrado en el matrimonio infantil y los derechos de las menores. Su papel era dar voz a los hallazgos del estudio y conducir el evento.

En el contexto actual, la libertad de prensa y la crispación en España se han convertido en temas centrales del debate público.

Sin embargo, la diputada de Vox, Blanca Armario, la interrumpió de forma brusca durante su intervención. Golpe pronunció una frase sencilla y directa: “La crispación es el peor enemigo de la política y de todo en general”. Armario la acusó de manipular y de señalar injustamente a su formación. La periodista intentó calmar el tono: “Blanca, ya está. No pasa nada”. Pese a su intento, el acto quedó marcado por la tensión.

Del informe global al discurso local

El acto en el Congreso tenía un objetivo claro: visibilizar los datos del informe Estado Mundial de las Niñas 2025. Déjame ser una niña, no una esposa, elaborado por Plan International España. El estudio recoge los testimonios de más de 250 niñas y jóvenes de 15 países, desde Bangladés hasta Nigeria. Todas habían sido obligadas a casarse antes de los 18 años.

Cada año, 12 millones de niñas sufren matrimonios forzosos o uniones infantiles, pese a que la mayoría de los países los prohíben. La pobreza, la presión familiar y la desigualdad siguen siendo las causas principales. En 14 de los 15 países analizados, esos matrimonios son ilegales. Solo Níger mantiene excepciones legales.

En ese contexto, la intervención de la diputada de VOX Blanca Armario desvió el foco. Vinculó el problema con las “políticas de fronteras abiertas” y con la inmigración, un argumento habitual de su partido. Sostuvo que “solo Vox denuncia los matrimonios forzosos en España” y que su formación “defiende a las mujeres y va a legislar para proteger a las niñas”.

Sin embargo, el informe no centraba su análisis en España. Señalaba una realidad global, con testimonios procedentes de África, Asia y América Latina. En España, los casos son minoritarios: 27 niñas y 2 niños casados en 2023, según datos oficiales. El propio documento de Plan International subraya que el matrimonio infantil es un problema estructural y transnacional, no un fenómeno migratorio ni exclusivo de ningún territorio.

El matrimonio forzado es una vulneración de derechos, no una cuestión de fronteras. Es un tema de niñas, no de países.

La crispación como gasolina social

El episodio no refleja solo una diferencia política. Muestra un clima que ya parece estructural. La crispación funciona como un bidón de gasolina esparcido sobre la sociedad. Basta una chispa para que todo arda. El contenido y las circunstancias dejan de importar. Lo esencial pasa a ser la posición de quien habla, no lo que dice.

En esta ocasión, el tema unía a todos. El acto trataba sobre la situación de las niñas en el mundo, los matrimonios forzosos y la necesidad de proteger su infancia. Era difícil imaginar un desacuerdo. Sin embargo, incluso en un contexto así, el debate terminó en el mismo cuadrilátero de siempre.

Cada intervención se convierte en parte de una guerra dialéctica que se repite sin descanso. Todos dicen defender las mismas causas, pero el intercambio de ideas se transforma en enfrentamiento. El diálogo se disuelve en la lógica del ataque.

El periodismo queda atrapado en medio de esa dinámica. Intenta informar y aportar contexto, pero el ruido lo cerca. Cada palabra se interpreta como una toma de partido. Cada matiz se convierte en una sospecha. El espacio para la reflexión se reduce mientras la crispación gana terreno.

Lo ocurrido en el Congreso resume bien este fenómeno: una conversación que debía unir acaba fracturando, y un consenso evidente se diluye en una pelea ideológica que impide avanzar.

Libertad de prensa en riesgo constante

El caso no constituye una censura legal. Sin embargo, muestra una erosión simbólica de la libertad de prensa. La libertad no desaparece solo cuando alguien prohíbe hablar. También se debilita cuando se desacredita o se interrumpe a quien intenta hacerlo con independencia.

El Congreso, símbolo del debate democrático, debería proteger ese espacio. Pero los políticos lo usan para amplificar sus propios relatos. En ese contexto, el periodismo pierde terreno y credibilidad. La sociedad también pierde capacidad de escucha.

El desafío de informar sin autocensura

Sandra Golpe no buscó el conflicto. Su reflexión sobre la crispación describió el problema de fondo: la imposibilidad de hablar sin que estalle una reacción. Hoy, el periodismo intenta sobrevivir entre los extremos.

El verdadero riesgo no está en una diputada alterada. Está en la costumbre de ver normal el enfrentamiento. Cuando ya nada sorprende, la crispación gana y la libertad retrocede.

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