La combinación de alcohol y mala alimentación agrava el daño hepático mediante una peligrosa interacción que altera el eje intestino-hígado.
Eva Marabotto
Un reciente estudio internacional liderado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) aporta luz sobre el daño hepático. La investigación demuestra que la combinación de grasas y alcohol no solo suma riesgos, sino que los multiplica de forma alarmante. Este fenómeno acelera la progresión de la enfermedad hepática esteatósica hacia estadios mucho más graves y difíciles de tratar.
Los expertos del Departamento de Inmunología de la UCM utilizaron un modelo experimental denominado DUAL para sus análisis. Este sistema combina una dieta rica en grasas saturadas con un consumo moderado de alcohol en el agua. El objetivo era recrear una situación muy frecuente en la vida real de muchos ciudadanos actuales.
El impacto en el eje intestino-hígado
Los resultados muestran que ambos factores interactúan y se potencian mutuamente de manera constante. Cuando el alcohol se suma a la obesidad, la enfermedad resultante es mucho más agresiva y persistente. El estudio confirma que no se deben tratar de forma aislada los problemas metabólicos y los etílicos.
"Esta combinación provoca un consumo calórico significativamente mayor que el registrado con una dieta alta en grasas", señalan los responsables de la investigación científica. El alcohol incrementa la preferencia por los alimentos grasos y estos, a su vez, aumentan el deseo de beber. Se crea así un círculo vicioso que daña profundamente el organismo del paciente.
Alteraciones en la microbiota y fibrosis
El daño hepático no se explica únicamente por el exceso de calorías ingeridas durante el proceso. Los investigadores comprobaron que la mezcla de alcohol y grasa altera el funcionamiento normal del intestino humano. Esto provoca que el hígado reciba cantidades ingentes de ácidos grasos que no puede procesar correctamente.
Además, esta peligrosa combinación daña la barrera intestinal y altera de forma negativa la microbiota. Como consecuencia directa, se activan mecanismos inflamatorios en el hígado que favorecen la aparición de la fibrosis. La inflamación crónica se convierte en un motor que acelera el deterioro del tejido hepático sano.
Nuevas estrategias para el tratamiento
Actuar de forma temprana sobre la salud intestinal podría ser una nueva estrategia terapéutica muy eficaz. El estudio subraya la importancia de promover la abstinencia total de alcohol en personas con riesgos metabólicos. No basta con mejorar la alimentación o reducir el peso corporal para frenar la enfermedad.
Este trabajo ha sido publicado en la prestigiosa revista Gut Microbes tras un gran esfuerzo de colaboración. En total, han participado 37 autores de siete países diferentes para validar estas importantes conclusiones médicas. La ciencia española lidera así un avance clave para entender mejor las patologías del sistema digestivo.
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