A cinco años de la llegada de los talibanes al poder en Kabul, RSF publica un balance de la creciente represión contra periodistas y medios de comunicación.
Judith Victoria Cherquis
Cinco años después de la llegada de los talibanes al poder, la prensa afgana afronta un escenario marcado por la censura y las restricciones. Desde agosto de 2021, las autoridades de facto han aprobado más de una veintena de directrices nacionales, además de numerosas órdenes provinciales y restricciones comunicadas de forma oral.
Reporteros Sin Fronteras RSF denuncia una reducción progresiva del espacio para el periodismo independiente. Las críticas al régimen están prohibidas, las mujeres afrontan restricciones específicas y la televisión y la radio han quedado sometidas a nuevas normas sobre contenidos, invitados y formas de expresión.
Afganistán ocupa el puesto 175 de 180 países en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2026 de RSF. La organización considera que los talibanes han desarrollado un amplio conjunto de leyes y normas para controlar la información, limitar las críticas y reforzar su propaganda.
Las primeras reglas llegaron en 2021
El 19 de septiembre de 2021, el Centro de Información y Medios del Gobierno GMIC difundió las llamadas 11 reglas del periodismo.
Entre otras medidas, prohibieron publicar contenidos contrarios al islam o que pudieran insultar a figuras nacionales. También establecieron restricciones sobre informaciones no verificadas y contenidos considerados perjudiciales para la opinión pública o la moral. Además, determinados reportajes debían coordinarse con el GMIC.
El 25 de septiembre, el Ministerio de Información y Cultura estableció que el Gobierno talibán solo podía ser mencionado como Emirato Islámico de Afganistán.
En noviembre de 2021 llegaron nuevas restricciones. Los periodistas dejaron de poder invitar a debates televisivos a analistas críticos con los talibanes. Ese mismo mes se impuso a las presentadoras de televisión la obligación de cubrirse el rostro, con solo los ojos visibles.
La censura alcanza la radio y la televisión
En noviembre de 2022, el Ministerio de Información y Cultura prohibió las emisiones en FM de Voice of America VOA y Radio Free Europe Radio Liberty RFE RL. La medida comenzó a aplicarse el 1 de diciembre y las autoridades alegaron incumplimientos de los principios periodísticos y quejas sobre sus contenidos.
Meses antes, el 20 de julio de 2022, el líder supremo talibán Hibatullah Akhundzada había declarado que las críticas a responsables políticos eran contrarias a la ley islámica.
La presión aumentó en 2024. En abril, el Ministerio de Justicia anunció la derogación de la Ley de Prensa de 2015.
El 21 de julio de ese año, el líder supremo firmó una nueva ley sobre la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio. Entre sus medidas figura la prohibición de emitir imágenes de seres vivos. La norma se ha aplicado después en más de veinte provincias.
La prohibición afecta a la forma en la que los medios pueden contar las noticias. Las televisiones y emisoras no pueden mostrar imágenes de personas o animales en las zonas donde la norma se aplica. Por eso, una información sobre una decisión del Gobierno puede emitirse con la voz del periodista, textos, documentos, gráficos o imágenes de paisajes, pero sin mostrar a las personas que aparecen en la noticia. La medida también alcanza a los propios dirigentes y funcionarios talibanes. En algunas provincias se han prohibido de forma específica las fotografías y los vídeos de líderes y responsables públicos. De este modo, los medios pueden informar sobre una medida oficial, pero tienen limitado incluso el uso de imágenes de quienes la anuncian o la ejecutan.
En septiembre de 2024 llegaron nuevas restricciones para las emisoras. Las autoridades prohibieron los programas políticos en directo, limitaron los invitados a expertos incluidos en una lista aprobada por los talibanes y prohibieron las críticas a sus leyes y políticas en antena.
Las mujeres periodistas sufren una presión especial
Las restricciones afectan de manera especialmente grave a las mujeres periodistas. Las profesionales que continúan trabajando afrontan limitaciones para aparecer en televisión y nuevas exigencias sobre su vestimenta y su actividad profesional.
En marzo de 2025, las autoridades de Kandahar prohibieron las voces de mujeres en las emisiones de radio. Kandahar se convirtió así en la segunda provincia afgana en aplicar esta prohibición completa. Las autoridades también establecieron que el líder talibán debía ser mencionado como Amir al-Mu'minin, Comandante de los Creyentes, y que el régimen debía ser denominado Emirato Islámico.
Un nuevo código judicial aumenta la presión
En enero de 2026 apareció una nueva herramienta legal contra las voces críticas. El líder supremo talibán firmó el Código de Procedimiento Penal para los Tribunales, emitido el 4 de enero y compuesto por 119 artículos. El texto fue obtenido y difundido por la organización afgana Rawadari.
Aunque el código no menciona directamente a la prensa, tampoco establece una protección específica para los profesionales de los medios ni los excluye de su aplicación. RSF considera que sus disposiciones aumentan los riesgos para los periodistas y ofrecen a los tribunales talibanes nuevas herramientas para perseguir las voces críticas.
El texto contempla 20 latigazos y seis meses de prisión para quienes insulten a dirigentes del Emirato. Para los insultos al líder supremo establece 39 latigazos y un año de prisión. También obliga a informar sobre determinados contactos con opositores del régimen y utiliza conceptos amplios como rebelión, subversión o herejía.
Cientos de periodistas han tenido que huir
La represión ha provocado además un importante éxodo de profesionales de los medios. Afganistán se ha convertido en el principal origen del exilio de periodistas registrado por RSF.
Entre 2021 y 2025, 677 periodistas afganos huyeron del país con el apoyo de RSF. Se encuentran repartidos en 28 países y representan casi la mitad de los casos registrados por la oficina de asistencia de la organización. En 2022 se produjo el mayor número de salidas, con 183 periodistas. En 2025, otros 82 tuvieron que abandonar Afganistán.
La situación tampoco resulta segura para todos los profesionales que permanecen en el país. Según los datos actuales de RSF, cinco periodistas continúan detenidos oficialmente. La organización advierte además del riesgo de detenciones, torturas y otras formas de persecución.
La prensa afgana pierde espacio
Cinco años después del regreso de los talibanes al poder, la prensa afgana afronta una progresiva pérdida de independencia. Las restricciones se han extendido desde las normas iniciales sobre contenidos hasta la prohibición de debates políticos, las limitaciones a las mujeres periodistas, el control de las emisiones y la criminalización de determinadas críticas.
RSF reclama la retirada de las disposiciones que restringen la libertad de prensa y pide a los países de tránsito y acogida que protejan a los periodistas afganos que han tenido que huir.
La organización también advierte del peligro de las deportaciones y los retornos forzosos para profesionales que abandonaron Afganistán precisamente para escapar de la represión y continuar ejerciendo su trabajo.
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