En el Día Internacional de la Libertad de Prensa, Reporteros Sin Fronteras publica su informe 2026 con un diagnóstico claro: la libertad de prensa empeora en España y en el mundo.
Judith Victoria Cherquis
Un retroceso histórico a nivel global
La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026 marca el peor nivel en 25 años. Por primera vez, más del 52,2 % de los países se sitúa en una situación difícil o muy grave. Además, la puntuación media global alcanza su mínimo histórico.
Hace dos décadas, el 20 % de la población vivía en países con buena situación para la prensa. Sin embargo, ahora esa cifra cae por debajo del 1 %. Por tanto, el acceso a información libre se reduce de forma drástica.
España cae y empeora en todos los indicadores

España desciende hasta el puesto 29 en 2026 con 75,42 puntos. Pierde seis posiciones respecto a 2025. Este retroceso responde a un deterioro generalizado en todos los indicadores. Por un lado, influye la debilidad económica del sector y la precariedad que sufren los periodistas. Por otro, aumenta la presión política, legal y social. Además, crece la hostilidad hacia los comunicadores, especialmente hacia las mujeres.
Medios más politizados y menor credibilidad
El indicador político baja hasta 71,25 puntos. La polarización deriva en una mayor politización de los medios, incluidos los públicos. La frontera entre información y opinión pierde claridad. Asimismo, los estándares profesionales se debilitan. La credibilidad cae y el rigor queda en segundo plano. Esta tendencia afecta a todo el ecosistema mediático. También impacta en medios públicos y autonómicos. Organismos profesionales alertan de sesgos y falta de independencia. Como resultado, se erosiona la confianza ciudadana.
Crisis económica y precariedad estructural
Por su parte el índice económico se sitúa en 55,67 puntos y el puesto 40. Este dato refleja una debilidad estructural grave. La precariedad laboral se mantiene y dificulta el acceso a salarios dignos. Además, los modelos de negocio tradicionales pierden fuerza frente a plataformas digitales. A esto se suma la concentración del sector y la dependencia de financiación externa. A nivel global, la situación resulta aún más preocupante. En 160 de 180 países, los medios no logran estabilidad financiera. En casi un tercio, los cierres resultan constantes.
Cierres de medios y exilio de periodistas
Los cierres afectan a países de todo el mundo. Estados Unidos, Argentina o Túnez registran pérdidas continuas de medios. Como consecuencia, disminuye la pluralidad informativa. En contextos extremos, la situación se agrava como es el caso en la Franja de Gaza, donde el bloqueo ha destruido redacciones y la guerra ha provocado la muerte de cerca de 200 periodistas. Por otro lado, los comunicadores de otros países siguen, casi tres años después del inicio de la guerra entre Gaza e Israel, sin poder acceder a la Franja para informar al resto del mundo de lo que allí ocurre. Además, 34 países sufren cierres masivos que impulsan el exilio de periodistas. Nicaragua, Bielorrusia o Afganistán reflejan esta tendencia.
Presión legal y criminalización del periodismo
El indicador legal registra la mayor caída. En España baja hasta el puesto 26. A nivel global, más del 60 % de los países empeora en este ámbito. Crecen las acciones judiciales abusivas contra periodistas. Estas prácticas fomentan la autocensura.
Muchos gobiernos utilizan leyes de seguridad nacional para limitar la información. Esta tendencia afecta tanto a regímenes autoritarios como a democracias. Por tanto, la presión legal se convierte en un fenómeno global.
Las guerras agravan el deterioro. Países como Irak, Sudán o Yemen reflejan esta situación. También influye la guerra en Gaza, con más de 220 periodistas asesinados desde 2023. Asimismo, regiones como Europa del Este y Oriente Medio siguen entre las más peligrosas. En estos contextos, ejercer el periodismo implica un alto riesgo.
Aumento de la desconfianza y la hostilidad social
El indicador sociocultural cae en España hasta el puesto 27. La politización del debate público genera mayor crispación social. El periodismo pierde prestigio y se sitúa entre las profesiones peor valoradas. En consecuencia, su función democrática se debilita.
Respecto del factor de seguridad también empeora y en nuestro país baja al puesto 35. Aumenta el acoso, tanto en espacios públicos como en entornos digitales. Surgen actores que interfieren en el trabajo informativo y hostigan a periodistas. Además, la violencia digital crece y afecta especialmente a las mujeres. Ellas reciben ataques más intensos y personalizados.
Un deterioro estructural de la libertad de prensa
La caída de la libertad de prensa responde a factores combinados. Por un lado, la crisis económica debilita los medios. Por otro, la presión política y legal aumenta. Además, los conflictos, la desconfianza social y la violencia contra periodistas agravan el problema. En consecuencia, el periodismo pierde capacidad para garantizar información libre y plural.
Estados Unidos y Argentina, dos casos paradigmáticos
En Estados Unidos, el país cae hasta el puesto 64, siete posiciones menos que en 2025. El clima político se endurece. Donald Trump mantiene una estrategia de confrontación directa con la prensa. Sus ataques a periodistas concretos se repiten y elevan la tensión en el ejercicio informativo. Además, impulsa recortes y cambios en medios públicos internacionales como Voice of America, junto a Radio Free Europe Radio Liberty y Radio Free Asia. Estas decisiones provocan cierres, suspensiones o reducciones de plantilla. En paralelo, varios medios afrontan presiones económicas, políticas y legales, lo que limita su capacidad de actuación y reduce el acceso a información fiable en distintos países.
Por su parte, Argentina desciende con fuerza hasta el puesto 98, once posiciones menos que el año anterior. El presidente Javier Milei protagoniza una ofensiva directa contra la prensa. Su discurso público señala a los periodistas como adversarios y alimenta un clima de hostilidad. Esta estrategia se refuerza con mensajes virales como el hashtag #noodiamoslosuficientealosperiodistas, que intensifica la presión social sobre los profesionales. En consecuencia, aumentan los ataques y se deterioran las condiciones para ejercer el periodismo en el país.